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Contaminación atmosférica derivada de la concentración automovilística en los
destinos turísticos tradicionales.
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Impacto sobre los recursos naturales generado por el consumo insostenible de
energía.
Estos problemas se agravan por la concentración de la actividad turística en unos
periodos vacacionales relativamente breves (estacionalidad), y en unas zonas
determinadas, a menudo muy reducidas, que al mismo tiempo se ven sometidas a las
presiones ambientales de otras actividades como pueden ser la agricultura, la pesca,
el desarrollo industrial o la creciente población residente.
Los problemas de estacionalidad en el turismo de sol y playa son en parte
amortiguados por el turismo de tercera edad, que provoca desplazamientos de
personas mayores, en muchos casos a zonas del litoral español, en grandes grupos,
normalmente en viajes subvencionados y acudiendo a los destinos en temporada baja.
Este tipo de turismo podrá tener una evolución creciente en el tiempo debido al
envejecimiento de la población española y al aumento de la esperanza de vida. Su
representación será importante y requiere de una adaptación de los servicios turísticos
a las necesidades de este público en cuestión.
Sin duda, el impacto negativo más importante, eje sobre el que se desarrollan los
demás, es el desarrollo urbanístico descontrolado, consecuencia de la elevada
demanda turística en el litoral (Naciones Unidas prevé que la superficie ocupada en el
litoral mediterráneo alcance los 8000 km² en 2025).
Las demás afecciones son, en su mayoría, consecuencia directa o indirecta de este
desarrollo urbanístico, y entre ellas, merece mención especial, en el caso de España,
la problemática del agua.
En el litoral mediterráneo y en la mayor parte del interior de la Península, el agua es un
recurso escaso y constituye el factor más crítico para la supervivencia de muchos
ecosistemas y de los procesos naturales y agrícolas. El desarrollo masivo de las zonas
urbanas y de instalaciones turísticas, junto con el de la a ricultura de regadío, ha
g
disparado la demanda de agua dulce por encima de las posibilidades reales de estas
zonas, provocando la sobreexplotación de los recursos hídricos, especialmente de los
acuíferos subterráneos, acompañada en muchos casos por la intrusión salina
procedente del agua del mar al disminuir los niveles freáticos. Esto ha ido deteriorando
la calidad del suministro de agua potable en muchas zonas, que se están viendo
obligadas a la construcción de costosas infraestructuras, como trasvases y plantas
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