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No es difícil darse cuenta de que el paisaje es un recurso clave a la hora de vender un
destino turístico y de atraer visitantes. El paisaje es lo que un turista percibe de
manera más evidente, y es uno de los factores fundamentales que determinan su
elección. Su deterioro supone una grave pérdida de calidad de una oferta turística.
Todos preferimos las casas típicas a los bloques de hormigón, la sombra de los
árboles a la de los techados de uralita, las laderas boscosas a las cunetas con
basura... Por eso los destinos se anuncian como "playas vírgenes" o "en un entorno
natural incomparable". Y por eso resulta paradójico que aunque el turismo depende de
un medio ambiente y un paisaje de calidad, él mismo es causa de su deterioro.
Seguramente la mejor manera de usar el espacio y el paisaje de modo respetuoso con
el medio ambiente sea tener en cuenta, desde el momento del diseño de las
instalaciones, los aspectos medioambientales en su ubicación, su distribución espacial
y su arquitectura. Gran parte de las actividades turísticas se desarrollan en
instalaciones ya construidas, por lo que no se puede apenas introducir mejoras en los
aspectos relativos al diseño. Sin embargo, siempre es posible plantearse opciones de
reforma o la construcción de instalaciones complementarias, en cuyo caso es posible
seguir algunas pautas de respeto medioambiental.
Algunas buenas prácticas ambientales:
En líneas generales, debemos adaptar la distribución física de las instalaciones a
§
las características del entorno, intentando minimizar la ocupación de espacios y la
alteración de terrenos naturales, de manera que no perturbemos gravemente la
topografía ni los cauces de escorrentía naturales. Esto reducirá los daños sobre los
hábitats y los ecosistemas existentes en el lugar.
También debemos adaptar el aspecto de los edificios o instalaciones para que se
§
integren en el paisaje (ya sea urbano o natural). Debemos hacer que los
volúmenes y los colores resulten armoniosos con el entorno y que se produzca una
transición suave entre el paisaje urbano o natural circundante y nuestra
construcción. En particular, hay que hacer un esfuerzo por estudiar el uso de
materiales y diseños que evoquen las construcciones tradicionales del lugar y que
empleen la vegetación autóctona de la zona. Todo ello aumentará enormemente el
valor estético y paisajístico de nuestro producto turístico.
Además de cuidar elementos de tipo material (ocupación de terrenos, movimientos
§
de tierras, vegetación, fachadas, jardines...) debemos tener en cuenta otros
factores, como la generación de ruidos y la contaminación lumínica.
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