A fin de garantizar la protección de las zonas naturales y de compatibilizarla con el uso
público y el turismo, la mayoría de los espacios naturales protegidos cuentan con
diferentes instrumentos de planificación, siendo el más general de todos ellos el Plan
de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), concretado, cuando procede, en
un Plan rector de uso y gestión (PRUG) e incluso en Planes de uso público.
Los niveles de protección han de ser los adecuados para que los impactos que se
suelen producir en estas áreas por parte de los visitantes no sean mayores que el
esfuerzo conservador.
Impactos negativos
Entre los impactos negativos más habituales del turismo sobre las áreas protegidas
destacan:
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La construcción de infraestructuras turísticas o de comunicaciones en el entorno
de las zonas protegidas que suele acabar produciendo impactos negativos de
forma directa o indirecta.
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La presencia humana provoca estrés medioambiental y cambios en el
comportamiento de los animales. La concentración de grandes cantidades de
visitantes en periodos específicos del año puede poner en peligro, si no se
gestiona correctamente, la función conservadora de estos espacios. Según
datos del Ministerio de Medio Ambiente, en 2001 los Parques Nacionales
españoles recibieron casi 10 millones de visitantes (9.627.359 de visitantes)5.
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La introducción de especies extrañas pone en peligro el delicado equilibrio de las
poblaciones existentes en la zona.
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La caza y la pesca furtivas han llevado a la extinción de muchas especies y
provocan daños irreparables a las poblaciones en peligro.
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El abandono de basuras y desperdicios deteriora las condiciones del lugar y
supone un peligro para la salud de las especies protegidas.
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El paso de coches a gran velocidad suele desembocar en el atropello de
animales.
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Así mismo, algunas actividades como la escalada, el submarinismo, etc. pueden
causar daños a la vegetación y a la fauna, por lo que normalmente están
restringidas en determinadas partes de las áreas protegidas.
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