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4.3. Zonas rurales y de naturaleza
4.3.1. La conservación de la cultura y el entorno rural
No debemos caer en la trampa de considerar el medio natural de las zonas rurales
como si se tratase de un paraje natural virgen. A estas alturas de la historia apenas
quedan en nuestro país y en toda Europa paisajes sin ningún tipo de influencia
humana. La mayor parte de las zonas del medio rural que percibimos como "naturales"
son en realidad resultado del equilibrio que habían alcanzado estas áreas tras miles de
años interaccionando con los sistemas agrícolas y ganaderos tradicionales. Estas
prácticas y métodos tradicionales habían ido evolucionando y moldeándose con la
experiencia desde muy antiguo, hasta dar lugar a un sistema adaptado para explotar
los recursos de una manera más o menos sostenible, lo que permitió a estas
poblaciones sobrevivir durante siglos de manera autosuficiente.
Podemos decir que hasta finales del siglo XIX, el medio rural sobrevivía casi
exclusivamente de las actividades agropecuarias. La gestión de los recursos naturales
tenía un claro componente ecológico y permitía a sus gentes mantenerse de forma
autosuficiente incluso en tiempos difíciles. Pero a finales del siglo XIX y principios del
XX este equilibrio se rompió por diversas causas y dio lugar al comienzo de una crisis
económica, demográfica y cultural que dura hasta nuestros días y que ha obligado a
plantearse el futuro del medio rural.
En la actualidad existe una clara demanda de bienes medioambientales, y estos son en
su mayor parte patrimonio de las zonas rurales: Paisajes, ríos, lagos montañas, bosques,
valles, lugares arqueológicos, gastronomía y bebidas, artesanía, arquitectura tradicional,
fiestas... etc. En la posesión de estos bienes medioambientales puede estar el futuro del
medio rural.
Pero si el turismo quiere convertirse en una opción de futuro para el mundo rural, tiene
que ser gestionado con criterios de sostenibilidad, y tratar de conservar sus recursos
naturales, paisajísticos y culturales.
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