El origen y finalidad de los primeros balnearios fue la recuperación de la salud. En
España, árabes y romanos construyeron instalaciones alrededor de manantiales
naturales, de los que surgían aguas con propiedades minero-medicinales, a fin de
poder utilizarlos para el tratamiento de diferentes enfermedades.
La gran variedad y riqueza de las aguas minero medicinales constituye un fuerte
exponente turístico y social para nuestro país, ya que los balnearios han dejado de ser
lugares exclusivamente para enfermos, y se han abierto a un público joven y sano. En
el Plan de Estrategias y Actuaciones de la Administración General del Estado en
materia turística se manifiesta un decidido apoyo promocional de los Balnearios
existentes en España, y en las Conclusiones del Congreso Nacional de Turismo de
1997 se incide en la necesaria mejora de la calidad y en la definición de productos
para su comercialización exterior.
Como principal actividad del turismo de salud, que se encuentra en auge en nuestro
país, y principalmente en algunas comunidades autónomas como Galicia, se
encuentra el "termalismo". Es la acción terapéutica de algunas aguas naturales sobre
ciertas enfermedades, especialmente afecciones crónicas del aparato locomotor,
respiratorio y digestivo. Junto a las estaciones termales, también forman parte de la
oferta de turismo de salud los denominados "curhoteles", establecimientos que ofrecen
las instalaciones y servicios profesionales necesarios para promover y mejorar la salud
de sus clientes.
En el Libro Blanco del Turismo Español (1990) ya se anticipaba que la puesta en
forma bajo dirección médica es un mercado que crece a ritmo muy rápido y lo hará
más en el futuro. España cuenta con una razonable tradición balnearia, que podría ser
adecuadamente relanzada con éxito a condición de adecuar el producto a las actuales
necesidades, gusto y preferencias de la demanda.
Además, la oferta balnearia se ha visto favorecida por el intento de los Gobiernos de
las Comunidades Autónomas de revitalizar y potenciar el uso de las aguas termales
como un recurso turístico, para lo cual varias Comunidades Autónomas han
convocado líneas de ayuda para la rehabilitación, acondicionamiento o modernización
de sus instalaciones (ejemplo: Decreto 9/1991, de 22 de enero, de subvenciones para
la mejora, modernización, adaptación y construcción de balnearios en Extremadura;
Orden de 18 de mayo de 1987, para el fomento de la oferta turística y estaciones
termales en Andalucía), sin olvidar la incidencia que sobre las estaciones termales ha
tenido el Programa de Termalismo Social iniciado en 1989 por el antiguo Ministerio de
Asuntos Sociales.
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